martes, 8 de noviembre de 2011
Empresas Bipolares.
No entiendo cómo las empresas se permiten tener inconsistencias garrafales en la imagen que proyectan. Es de una vergüenza monumental ver cómo gastan millonadas en hacer publicidad o en mandar y mandar materiales caros que se van derechito a la basura y, en cambio, no invierten ni tantito en investigación o en capacitación.
Bien: Megacable tiene presencia en casi todo el territorio nacional con buena cobertura de señal y de sucursales.
Mal: su atención a clientes no podría ser peor. Hasta el poli de la entrada te trata mal
Bien: su oferta incluye paquetes que (en teoría) se adaptan a tus gustos y tu economía.
Mal: tienen canales repetidos entre uno y otro paquete, canales sin audio, canales sin señal y algunos que ni siquiera puedes acceder a ellos, a pesar de haberlos contratado.
Bien: te presentan una pantalla con la guía de programación que puedes consultar para saber qué quieres ver.
Mal: es un sistema del siglo pasado. Sólo puedes ver lo que hay en ese momento y para cada paquete es una pantalla distinta, es decir que tienes que andar de pantalla en pantalla esperando a que el scroll complete su recorrido. Seguramente cuando escojas un programa, ya lleva 15 minutos de haber iniciado.
Bien: han integrado a su oferta una serie de servicios de primer nivel, que te permite tener opciones de telefonía y de internet.
Mal: además de que estos servicios no tienen estabilidad, las campañas publicitarias que los apoyan son como para retrasados mentales recluidos en una casa de retiro del medioevo. Recientemente integraron a sus anuncios unos mimos como personajes centrales que me recuerdan al canal 5 de los sesentas.
Bien: Tienen unos spots de TV en los que presentan un poco de la vida de sus empleados y cómo se han beneficiado de trabajar en la empresa.
Mal: esos spots son aburridos y parece que los produjeron con tres pesos.
Bien: como las empresas de vanguardia, tienen presencia en redes sociales como Facebook y Twitter.
Mal: no tienen NI IDEA de cómo utilizarlas, no hay estrategia ni respuesta a las comunidades respectivas, no hablan el lenguaje de las redes ni están presentes, como esa audiencia exige, 24/7.
Las empresas carecen de consistencia y de una estrategia sólida y equilibrada. Se la viven dando de tumbos y de bandazos por no destinar un poco de recursos a los contactos que tienen con el público. Eso, a pesar de que a la larga tiene un gran impacto en sus resultados de ventas, deciden no ponerle atención con una visión miope y cortoplacista.